Nada príncipe, nada siempre


Había una vez un príncipe muy, muy bonito. Era tan bonito que todos los niños de la corte real querían parecerse a él. Siempre estaba sonriendo, ayudando a los demás y jugando. Era un niño muy, muy amado por sus padres el rey y la reina. Un día sus papás decidieron separarse, no porque no se quisieran, pero decidieron emprender caminos diferentes, así que el rey se fue a vivir a Villa Mar y la reina a Villa Azul con el pequeño príncipe. Él aunque estaba triste por dentro nunca dejó de sonreír por fuera. Lo más importante es que sabía que sus padres le querían y le querrían siempre. 

Una tarde se presentó en Villa Mar una bruja muy, muy mala disfrazada de princesa del Sur que supo engatusar con conjuros al rey y enamorarle. Es complicado defenderse de la magia oscura, así que logró hacerse con el trono real y convertirse en reina consorte. La bruja desde el principio no veía con buenos ojos a su hijastro porque sentía que su poder sobre el rey disminuía en su presencia, como si de un parapeto mágico se tratase. Además sentía celos por la predilección que el rey sentía hacia su hijo, así que decidió vengarse de él.

El pequeño príncipe una tarde iba hacia su habitación a jugar cuando de repente escuchó unas voces extrañas en la habitación de su padre. Se asomó por la mirilla de la puerta y vio a su madrastra hablando con alguien que no consiguió distinguir bien. 


- Señor oscuro, hemos de hacerlo esta noche. El príncipe tiene que desaparecer y así podré llenar el reino de odio y fuego como es tu voluntad. Tiene alguna clase de poder que desconocemos, así que no podemos dejarle vivir - susurraba la bruja ante el espanto del pequeño príncipe testigo de dicha conversación. 


Algo que tienen los niños es que saben reconocer el bien y el mal y él intuyó desde que ella llegó a Villa Mar que no era una princesa de verdad. No pudo avisar a su padre de lo que había visto y oído porque estaba fuera de palacio ese día, así que decidió defenderse por sí solo. Esa misma noche ante el temor de que la bruja pudiese lastimarle, decidió vestir a un muñeco parecido a él con su ropa y lo acostó en su cama. A continuación se escondió detrás de una cortina junto a la ventana para que no le encontrase. Al rato llegó sigilosa la bruja a la habitación, sacó su varita y apuntando a la cama del niño dijo las palabras envenenadas:


- Señor Oscuro, llévate al príncipe para poder cumplir tu voluntad. 


Entonces, el Señor Oscuro apareció en forma de niebla negra, se llevó al muñeco acostado en la cama y desapareció. La bruja se rió socarronamente. El niño salió rápidamente de detrás de las cortinas y corrió hacia la bruja para quitarle su varita. Ella no se había dado cuenta del engaño del pequeño y sorprendida no supo actuar. El príncipe logró hacerse con la varita y la rompió en dos. Había conseguido salvar al reino del malvado plan de la bruja y se sintió aliviado. Quiso salir de su habitación feliz por su hazaña, pero entonces sintió un golpe en la cabeza y cayó al suelo.  


La bruja fue apresada días más tarde por la muerte del pequeño príncipe y metida en una mazmorra hasta el fin de sus días. La madre del pequeño príncipe se reconcilió con su amado rey y un día le dijo entre lágrimas:

- Amor, somos unos afortunados, nuestro príncipe consiguió liberar al reino. Él ganó porque la bruja ya no existe. A partir de ahora nuestro reino se llamará Villa Amor porque fue lo que nos quiso transmitir nuestro pequeño. 


- Así sea - respondió el rey con los ojos llorosos. 


Y fueron muy, muy felices porque sabían que su príncipe siempre estaría en sus corazones y en los del todo el reino. 

FIN









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